Si la teoría de la reencarnación se aplica a los animales, estoy segura que Macarena fue una PERRA en otra vida.

Llegó a la familia como un acto de piedad, porque, según me cuentearon mis hijitas, si no la aceptábamos, el dueño se la daría a un amigo que el día anterior atropelló sin querer a su cachorrito, y claro, no podían permitir que caiga en manos irresponsables….

La Maca, fue separada de su mamá al mes y medio de nacida, allí se definió su bipolaridad. Mezcla de labrador con no se qué, nos enamoró desde el primer día que la vimos, pero como el amor no es eterno para todos, a los cuatro días ya no la quería la mayoría, y nos tocó a la Cristi y a mí defenderla de las ganas de todos de hacerla desaparecer.

Cuando tomó confianza en su nuevo hogar, empezó a destrozar zapatos, comerse las plantas, alterar a Campanita, clavarnos sus colmillos en los tobillos, vaciar el intestino siempre atinando fuera del periódico, y gruñirle con odio a la palabra NO. 
Entre periódicos sucios, Pinoklín, tierra de sembrado en la sala, y Campanita flaca ojerosa cansada y sin ilusiones, cedí a la presión de buscarle un nuevo hogar con patio y jardines frondosos.

Elegí entre algunos candidatos que la querían, a una linda familia con hijas, patio y jardines frondosos. Así que, con el corazón partido, la entregué junto con su pañalera, sus juguetes y su lazo de mariposa.

La nueva familia le cambió el nombre a “Moca”, pero siguió siendo la misma “Maca” bipolar: tímida, cariñosa y ojitos dulces, y luego malcriada, furiosa, y colmillos asesinos.

De todas formas me dio alegría cuando me la devolvieron luego de dos semanas! No puedo decir lo mismo de Toñito, que repetía sin cesar: “Dígale a su amiga que lo que se regala no se devuelveee!!”.

Me leí todos los artículos de internet que me enseñaron que solo estaba en su etapa de cachorro, y así mismo es; y me vi todos los programas de Cesar Millán, que me enseñaron que debo prestar atención al mensaje “No lo haga si no es un profesional”, pagando caro mi error de querer ponerla patas arriba para que me obedezca.

El lado oscuro de la tribu no claudicaba en su ilusión de deshacerse de ella, así que pronto encontraron a un tercer dueño en su corta vida, y allí la vi irse una vez más con su pañalera y con un nuevo nombre “Crack”.

La vida me hizo topármela de nuevo a las pocas semanas, en un carro cerrado bajo un sol canicular y ella medio desmayada, así que sin reparo, abrí el carro, le di agua y me propuse recuperarla.

El propio Toñito me la trajo de regreso, consternado con la historia de que no había comido en algunos días de la pena (no yo, sino Maca-Moca-Crack), que finalmente le dieron encebollado de pescado, la soltaron para que pasee sola, y terminó en la clínica con suero luego de haber comido veneno de ratas.

Una vez más conmigo, empecé a hacer planes de trotar con ella en la playa, enseñarle que me traiga el periódico y que camine a mi lado disfrutando del mar. Todo tan imposible como enseñarle a cocinar y a arreglar la casa.

Un buen día, con su mala costumbre de renegar de su raza mezclada y creerse sabueso, un insecto la picó y a los pocos minutos gritaba y corría con el hocico hinchado como un globo y sin poder respirar.


Aterrados la llevamos a la farmacia, le inyectaron un anti alérgico, y la hice dormir por primera vez con autorización de Toñito en nuestra cama, engriéndola en medio de los dos. Una vez más lo superó, y al día siguiente volvió a ser la misma demente de siempre.

En otra ocasión, no sé cómo se quedó metida en el cuarto de mi hija la artista, el tiempo suficiente para terminar embarrada desde la cabeza hasta el piso de óleo café. Aún tenemos el recuerdo de ese día en las paredes del cuarto.

Sus alteraciones de conducta se hacían más graves al aire libre, gruñendo para que la suelte, y cuando lo hacía creyendo que con eso se tranquilizaría, corría a atacar al que tenía más cerca. Primero fue a mis hijas a las que sacó corriendo. Yo insistí que solo estaba jugando y que eran unas lamparosas, así que decidí demostrarlo, y regresé con la sangre chorreando de mi dedo del NO, y la camiseta rota. Entonces fue cuando la tarea del paseo recayó sobre el vago del guardián, que me dio bastantes horas de diversión desde el balcón.

Aceptando que teníamos suficiente con nuestras propias locuras familiares como para tener una perra agarofóbica y bipolar, acepté devolverla a su hogar inicial con sus padres. Allí descubrí que su mezcla de Labrador con “no se qué” era Pitbull.

Con pena, pero ya no tanta, me despedí de La Maca, ya sin pañalera ni juguetes ni lazo de mariposa, que hace mucho tiempo terminaron en la basura destrozados.
  
Por ese raro instinto maternal hacia una perra, pensé todos los días en ella, y sospeché que de nuevo me necesitaba. Como este hombre mío me ama tanto, me llevó a visitarla, y horrorizados vimos que no era la Maca ni la Moca ni el Crack de antes, era un bulto asustado y flaco que apenas nos vio se abalanzó gimiendo y temblando hacia nosotros y por primera vez vi lágrimas en un animalito.

Su madre Perra no tuvo instinto maternal sino de Perra, viendo en ella una futura moza para el marido labrador, y no le permitió comer ni dormir en paz durante esos dos meses que estuvo allí.

La vio el veterinario y le diagnosticó un daño hepático, desnutrición, mordeduras de primer grado, pulgas y garrapatas.

Aunque tenía tantas ganas de regresarla conmigo, no pude hacerlo, estábamos con el cambio de ciudad y ella necesitaba tranquilidad para recuperarse. Logramos dejarla en la casa de playa del hermano de Toñito, en donde no solo le dieron muchos cuidados hasta que se curó, sino también un hogar con amor, mar, arena, y espacio con jardines frondosos.

La fuimos a visitar hace dos semanas. Se abalanzó cuando nos vio, pero no con la mirada suplicante de “sácame de aquí por favor”, sino moviendo la cola y saltando de alegría, bien cuidada,  gordita de nuevo y con su pelo brillante.

Una vez más es La Maca. Parece que el mar cura casi todas las locuras, porque se tranquilizó, aprendió a obedecer y a caminar por la playa a lado de su nuevo dueño. O puede ser que está creciendo, o que está enamorada, porque la vimos a lado de un lindo labrador blanco que con cara de Justin Bieber buscaba nuestra aprobación.

Ojalá que La Maca haya cumplido su karma, y sea algún día muy feliz con su versión Bieber Labrador y su propia tribu.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajajaja muy bueno! La Maca por fin encontró su paraiso!

Ileana dijo...

Linda historia. Saludos a la Maca cuando la veas.

maria jose dijo...

hermosa narración.....me encantas como escribes me senti involucrada es mas siento que conozco a MAca......