jueves, 11 de noviembre de 2010

Organos recargado

Como todo lo que dejo para después, le debía un post a nuestro primer viaje por el norte peruano. En esa ocasión viajamos sin saber exactamente a dónde llegaríamos, ni el camino que debíamos tomar. Fue toda una aventura que terminó luego de casi 9 horas en un pueblito recóndito y con nada más que desierto y mar llamado Organos. Más famosa y turística es Máncora, a solo 15 minutos de allí, pero elegimos Organos porque la foto de la casa que vi en internet me encantó.

Esa noche llegamos pasadas las 11 y como la casa no estaría libre sino hasta el día siguiente, nos quedamos en la hostería “Hanga Roa”. Nos recibió un chihuahua insoportable que intentaba a como dé lugar devorarnos la pierna mientras bajábamos medio dormidos las maletas.

La verdad no dormí muy bien porque ninguna ventana tenía seguridades, y el cuarto de las Marías daba a un escampado oscuro donde fácilmente podría haber pernoctado el monstruo de los Andes.

A la mañana siguiente ellos solo querían surfear y yo solo quería encontrar mi casita del internet que ya había reservado por teléfono.

Luego de subir y bajar cerros cien veces, preguntar en cada esquina, y gastar una planilla de terror en llamadas para que me indiquen la dirección exacta, dimos con la casita! Y siempre estuvo frente a la hostería…

Era exacta a las fotos….me refiero a que muchas veces usan la tecnología moderna para retocar y a veces cambiar totalmente lo que ofrecen, pero este no era el caso, era una maravilla de tres desniveles en la montaña frente a un precioso mar.

A veces me pregunto por qué viajar tantas horas para quedarnos una semana en un lugar muy parecido al que vivimos desde hace 12 años. No lo sé exactamente, pero luego de esas vacaciones increíbles de Febrero, decidimos regresar hace dos semanas.

Esta vez ya conocíamos el camino, y fuimos preparados llevando todas las compras del super (allá todo es carísimo).

El plan era quedarnos una semana, pero un día antes, las cosas se complicaron por un dolor insoportable de una de las Marías. Busqué en mi botiquín (funda de Fybeca) y le di algunas cosas que la tranquilizaron esa madrugada. A la mañana siguiente volvió el dolor con más fuerza, así que arriesgándome a la retada, llamé a mi papi, tan citadino y práctico, que no entiende por qué tenemos que viajar y aventurarnos exponiendo a nuestras hijas al peligro constante.

Lo primero que dijo fue: “Cuidado va a ser apendicitis, llévala en este instante a que le hagan un hemograma completo, y coge la avioneta y regresa”….papi no soy la señora Travolta.

Fulmine, apendicitis.

Viajamos 6 horas envueltos en la angustia de esta niña que se retorcía como poseída, y la otra que tenía hambre, y la otra que preguntaba si podía salir más tardecito, aprovechando que nos quedaríamos en Guayaquil.

Finalmente todo salió bien, la operaron esa noche, dormimos casi todos con ella, nos botaron en la madrugada, nos pidieron disculpas al día siguiente acompañadas de 5 canastas de chocolates, etc. etc. cosas que si no nos pasaran, no tendría blog que escribir.

martes, 12 de octubre de 2010

Hoy hace 1 año

Hace unos 5 meses recibí una llamada a mi celular: “Buenos días, quería confirmar la cita de mi hijo”. Dije “equivocado” y cerré.

Enseguida otra llamada: “Buenas tardes, es el consultorio de la doctora Salvador?”. Me quedé unos segundos callada, porque ese nombre me descompone totalmente. No recuerdo si estaba muy ocupada en algo, lo cierto es que sin darle mucha importancia a la fea coincidencia contesté de nuevo “equivocado”.

Al minuto sonó el teléfono pero esta vez de mi casa: “Buenas tardes, disculpe, quiero hablar con la Dra. Alexandra Salvador, parece que tengo mal el número de celular…” Mi reacción inmediata fue decirle que no me hacía ninguna gracia semejante llamada. La mujer al otro lado parecía no entender, y me explicó que solo quería confirmar la cita de su hijo para la endoscopía. Me pareció una coincidencia muy extraña para ser cierta, pero igualmente le conté todo lo que le había pasado a mi hija con esa misma doctora meses atrás. La mujer me lo agradeció y colgó.

Ayer me sucedió algo muy emotivo. ¿Fue una coincidencia? ¿el destino? Porque no creo que haya sido una broma de mal gusto.

Recibí un mensaje al celular que decía textualmente esto:

“Buenas tardes, acabo de leer su publicación de la mala experiencia que tuvo con su niña, pues yo estoy a la espera de que esta misma doctora me diga si hay o no que hacerle este mismo procedimiento a mi niña de 2 años. Ruego a usted indicarme que gastroenterólogo la está viendo, ya que con lo que acabo de leer se me han salido las lágrimas solo de pensar en el horror vivido...quieren hacerle una endoscopia….pero mi corazón de madre me dice que no, y creo que esta es una señal a mi corazonada….sienta en su corazón que ha logrado que otra madre no viva este terror, y espero que su niña esté bien ahora”

Al preguntarle cómo consiguió mi celular, me envió el link donde vio la publicación, y resulta que es de un periódico.

Había olvidado que en mi desesperación de esas semanas, me desahogué no solo en mi blog sino en muchos lugares más. Bueno, uno de ellos lo publicó, pero añadió mis números de teléfono que usé en el registro de la página y nunca pensé que publicarían.

Automáticamente en algunos sitios de búsqueda se relaciona mi número con el nombre de la susodicha que ya no quiero mencionar, es por eso que he recibido estas llamadas.

Me alegra mucho pensar que de algo sirvió haber contado lo que vivimos. Tal vez se salvó un niño de caer en las manos de esa gente inescrupulosa con la que nos topamos hace exactamente 1 año.

Hoy la pequeña es feliz en la playa y usa bikini sin importarle la cicatriz, ya tiene planeado que a los 18 se la borre un cirujano plástico.

viernes, 8 de octubre de 2010

El nuevo YO

Para mis amigos visitantes constantes, y los que están de paso también, quiero decirles que sigo siendo yo, solo me cambié el nombre.

Esto de La Baronesa nació hace muchos años, cuando tenía unos 8 o 9 más o menos, y escuché una historia que me gustó más que todas las de Disney.

Se trataba de una mujer que llegó a las Islas Galápagos, y vivió rodeada de amantes y mar, para luego desaparecer misteriosamente, y desencadenar una serie de muertes extrañas y nunca resueltas, convirtiéndose en leyenda, película y chismes.

Y esa historia nunca la olvidé, así que cuando trabajé como locutora de radio y tenía que adoptar un seudónimo, obviamente mi nombre fue La Baronesa.

Algunos pocos amigos que conocen esa faceta de mi vida, principalmente porque les hacía propaganda y les ponía las canciones que pedían, me saludan hasta hoy con mi título nobiliario.

Así que volveré a ser La Baronesa, hasta que mi psicoanalista descubra por qué me gusta tanto el personaje.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Feos pero felices

Ahorita estando en mi modo tonto y superficial no me aguanto las ganas de comentar algo que no me entra en la cabeza.
Ya sé que los gustos son los gustos, y que mi Adonis puede que sea horrendo para algunas, o yo misma que me gusto tanto todavía no he ganado ningún concurso de belleza que valga la pena comentar, pero en todo caso, somos una pareja normalita y simpática.
Pero hay que ver cada hombre feísimo que brota de las entrañas saladas de esta tierra…..de las mujeres no hablaré hoy.
El otro día estuve analizándolo: esperando a que Toñito compre el pan en la parroquia Muey (también los nombres son horribles), me fijo en una parejita comiéndose a besos como en “Hijo de la Luna”. Cuando por fin se separaron pude ver que la chica era simpática, bonito pelo, bonitos ojos, en conjunto era muy agradable…pero MIERDA que era asqueroso el tipo con el que estaba!! Entonces se repite el círculo que da la raza peninsular, porque pregunto: ¿qué puede salir de esa unión? Dios me perdone, pero nada bueno.
Lo peor es que seguro que el tipo no es que sea feo pero de super buen corazón, no. Seguro que aparte de feísimo es un desgraciado. Porque aquí lo común es que sean feos, borrachos, machistas y vagos, completitos.
Por todas partes se ven parejas donde el uno es feísimo y el otro no tanto. Los nacidos de esa unión se concentran en su mayoría en Santa Rosa, principal puerto pesquero de la costa ecuatoriana. Allí los apodos son bien ganados y bien llevados con orgullo, algo así como el título personal.
Tenemos a Don: “Cabeza e’ nido”, “Violado”, “Pan”, “Mantequilla”, “Carta Falsa”, “Cobra bono”, “Pierna”, “Pata e’ perro”, “Cacho virado”, “Mata hijo”, “Mal padre”, “Culo e’ yogurt”, “Wachíman”, “Flufy”, y “Pone cacho” entre otros peores….juro que así los conocen, y que estos seres no tienen nombre. Nadie, absolutamente nadie, solo la madre, recuerda cómo lo llamaban de niño.
Es la raza definitivamente. Si el Tiziano Ferro hubiese dado un concierto en el parque de Santa Rosa y no en la plaza de México, definitivamente no pensaría que los mexicanos son los más feos del planeta, la distinción se quedaba por acá.
En todo caso será que estos peninsulares tienen algún talento oculto detrás de tanta fealdad? Bueno, no voy a ser yo quien lo descubra, yo paso.

lunes, 23 de agosto de 2010

Del cine y sus lecciones

Después de una sesión de fotos llenas de olas y mucho frío, nos fuimos toda la tribu a ver Karate kid. Estuvo bastante bien porque la verdad no me acordaba de la primera versión (hace tanto fue?) pero igual saltó la duda de aquel entonces: Por qué se llama Karate kid si lo que practican es Kung Fu… ¿será para que no suene Kung Fu Panda Kid? No sé. En todo caso nos divertimos tirando hielos, hablando como chinos y cosas similares que solemos hacer en el cine.

Al final, cuando salieron las letras, nos quedamos viendo las fotos de la película detrás de las cámaras. Se veía a un Will Smith bastante chocho, y a mí la lágrima se me caía. Me imaginaba a mis Marías haciendo lo suyo y yo allí orgullosota.

Todo mi película mental se interrumpió con un: “Mami no vayas a buscar en Twitter a Will Smith y escribirle felicitándolo por el hijo, que vergüenza”, y un peor: “Mami, dejaron solita a esta niñita…” Miré intrigada, y me di cuenta que solo estábamos nosotros y ella en la sala vacía del cine. Era una niñita de unos 7 años que seguía comiendo su canguil divertida. Le preguntamos su nombre y dónde estaba su mamá, pero solo repetía mirando a la pantalla algo que sonaba como “se acabó”.

Decidimos esperar unos minutos acompañándola porque seguro llegarían pronto por ella, pero nada. Pasaron más de 20 minutos, y decidí que era tiempo suficiente para que la mamá o el adulto que esté con ella saliera del baño! Pero nada, seguíamos allí frente a la pantalla gris.

De pronto la niñita se levantó y nos dijo “chao”, y todos saltamos como resortes atrás de ella. No podíamos dejar sola a una pequeñita con síndrome de down.

Sutilmente la tomé de la mano y le dije que me quedaría con ella hasta que llegue su mamá, aunque para mi sorpresa, me soltó la mano, me dijo “chao” y siguió caminando hacia la salida del cine.

Miré para todos lados buscando a alguien desesperado con cara de padre irresponsable al que se le perdió la hija, pero nada.

Así fue como los cinco comenzamos a seguir a la niñita por el centro comercial a ver hacia donde iba, hasta que entró en un local y salió una señora a recibirla con una sonrisa y un gracias….¿gracias? ¿Cuándo me pidió que le cuidara a la hija? Ya iba a descargar mi ráfaga sobre ella cuando la chiquita me abrazó fuerte y así se quedó un buen rato… luego fue a hacer lo mismo acompañado de besos para cada uno de la tribu. La mujer nerviosa (por mi cara supongo) nos explicó que la nena era su sobrina de Quito que estaba de visita, que se le complica cerrar el local para llevarla al cine, que todos los del cine ya la conocen, que ella se conoce el centro comercial de principio a fin, que siempre hace lo mismo….. y a mí no me podía entrar en la cabeza como dejan a una niñita especial tan pequeña en un cine sola.

Aprendí algo de ella ese día, claro que sí, fue mucho más autosuficiente que muchos niños incluso mayores, y me avergüenza haber dado por hecho que por su condición no sabría a donde ir.

Pero al mismo tiempo pienso que hijos de padres irresponsables tienen un enorme angelote que los protege. Quisiera muchas veces poder ser más relajada, pero el mundo en el que vivimos no me deja.

Esta vez ella tuvo un final feliz, como la película.

lunes, 16 de agosto de 2010

38 que no juega

Ahora sí.

Y llegaron mis 38. No contaré acerca de las tarjetas, besos, cenas y regalos que recibí, porque quiero centrarme en algo raro que me pasó.

Si este post cayera en manos de los implicados, es una razón extra para no dar mi brazo a torcer, ya que de seguro no me insistirían jamás en volver.

Lo explico:

Recibí una llamada extraña. La persona al otro lado del celular me invitaba a formar parte de una naciente industria, decía que tenía buenas referencias de mi trabajo en el área de las ventas, así que definitivamente era yo la persona que necesitaban en su compañía.

Incrédula por experiencia no le hice mucho caso, hasta que la tuve abajo de mi casa explicándome sin parar durante casi dos horas la millonaria inversión que había hecho, y cómo necesitaba darle marcha con mi ayuda.

Allí empezó mi aumento de peso por el stress y los dolores en la vesícula de puro coraje.

En dos meses aprendí lo que ningún escrito acerca de las consecuencias nefastas del consumo de drogas nos puede enseñar.

Los principales de esta compañía (que no tiene nada que ver con las drogas por cierto) son ex adictos rehabilitados. No es que formaron una fundación ni nada por el estilo, sino que uno de ellos con bastante éxito en los negocios y capital, creó una empresa e invitó a sus ex compañeros de infortunio a trabajar con él.

Y así es como me vi rodeada de personas tan raras, tan cambiantes, tan con las neuronas pulverizadas, que todos los días parecían salidas de una dimensión diferente.

Mi coco wash “esto no me afecta” y “ya mismo es quincena, boba” parecía tener efecto limitado, ya que si me afectó, y no hay quincena que pague lo que cuesta mi salud mental.

Esta persona a la que le pondré de nombre Walkman Shake, cambiaba de idea agitando la cabeza, lo juro! Era algo increíble. Podía hablar de 20 temas diferentes en 1 minuto y olvidarse de todo en 10 segundos más.

Para aumentar los desvaríos, Walkman Shake y todo su clan eran fanáticos de una religión popular, pero como ya lo he visto tantas veces, adaptada a sus conveniencias y antojos. Así es que pude ver como estaban permitidos los insultos, las calumnias, el hablar a espaldas del prójimo, no pagar las deudas contraídas, y despechos amorosos a lo “atracción fatal”, pero eso sí, todos los días empezaban y terminaban con bendiciones, canticos y rápidos encuentros con clientes a la salida del Templo.

Yo me declaré agnóstica, así que siempre pasé de todos esos ritos truchos.

Lo que no puede evitar durante dos largos y tortuosos meses fue el sonido de mi celular a las 5:00 de la madrugada o a las 11 de la noche, horas preferidas para el “proceso creativo” de Walkman Shake, imposible de no compartir conmigo.

La compañía está creciendo, tiene un producto excelente, una infraestructura envidiable, apoyo publicitario digno de una multinacional…pero a donde llegará todo esto con personal salido del sombrerero loco y el país de las maravillas?

Me rehúso a ser Alicia, así que aunque el sueldo era muy bueno y las promesas mejores, elijo regresar a mi hamaca y a mi blog alejada de las malas compañías.

jueves, 10 de junio de 2010

Mi viaje por El túnel del Tiempo

Mis hijas se quedaron fascinadas, pensaron que era un aparato de última generación lo que tenía muy cerca de mi ojo enfocando hacia la luz.

En realidad se trataba de un mini proyector de slides de hace 35 años que mis papás sacaron del baúl de los recuerdos junto con más de mil diapositivas en miniatura, y que solo los nacidos en la década de los setenta o antes sabrán de lo que hablo.

Fue así como viajé en cuestión de segundos a la casa de mis abuelos donde pasé tantas Navidades felices con mis primos, a la casita de playa con el patio lleno de conchitas y caracoles (que hoy son casi imposibles de encontrar en las playas ecuatorianas), a mi disfraz de Caperucita Roja, al bote inflable motivo de peleas, y a mi pasión por subirme a los árboles.

Descubrí que mi mami tenía un look hippie increíble, que mi sobrina se parece mucho a mí, que mi abuela paterna nunca sonreía, que mi tío se parecía a un integrante de Sui Generis y que mi ñaño siempre estaba abrazándome.

Recordé la Chooper que me regalaron en lugar de la BMX que pedí, el Subaru rojo, los Majis, la Ferreti, el Roller Vito donde me rompí la boca por ganarme la cola Tropical con hielo frappe, el parque de Urdesa, mis tortas de cumpleaños con chicles que me hacía la Tía Delia, y el olor de la pipa que fumaba mi papi.

También me hice algunas preguntas: ¿qué pasó por la cabeza de mi mami cuando creyéndose peluquera me dejó el pelo como Tiko Tiko?, ¿con qué autorización regalaron mi camiseta de Heidi?, ¿por qué la sala del papapa tenía una papel tapiz tan feo?, ¿Estaban de moda los zapatos de bolos? ¿Por qué mi mami usaba pelucas hermosas con cintillos tan fashion y a mí me vestían como campesina? ¿Cuánto pesaba mi mami, 105 libras??

Preguntas que luego de más de 30 años no tienen respuesta porque el alemán anda rondando cerca de algunos, pero lo que nadie puede negar, dada la evidencia, es que los locos Adams fuimos muy felices.

miércoles, 28 de abril de 2010

La Hora del Burro

Mi suegro decía que las 6:30 de la tarde es “La Hora del Burro”…la verdad no sé (y ya no se lo puedo preguntar), si se refería a que sus hijos se ponían lentos, pesadotes y burrísimos a esa hora en particular, o de verdad hablaba del animal cuadrúpedo que prefería esa hora para salir a vagar por las carreteras del país.

Y he recordado esa frase de mi querido suegro, porque estas últimas semanas que he recorrido la carretera Salinas-Guayaquil-Salinas-Ruta del Sol casi sin fin, he visto con mucha preocupación no solo burros, sino también vacas gigantescas pastando alegremente y cruzando sin el menor apuro la vía.

El sábado en la noche, mientras cruzábamos la comuna Curía, y gracias a nuestros solidarios compatriotas que nunca bajan las intensas, estuvimos a dos segundos de estrellarnos de frente con un burro, que con cara de burro ni se inmutó.

Reconocí en ese momento que Toñito es mi héroe, porque con reflejos de Schumacher frenó un segundo, soltó el freno, giró a la derecha pero no tanto como para irnos barranco abajo, y siguió el curso de la carretera. Mis respetos!.. acepto que de manejar yo, no lo estaría contando.

Luego de pasar el susto y prometer una vez más que no viajaríamos a la “hora del burro”, peor en la noche, al día siguiente volvimos a viajar más tarde en la noche (creo que ya he explicado algo acerca de la bipolaridad).

Esta vez fue peor. En medio de los 5 cerros de la Ruta del Sol, que para quien no los conoce le diré que son unas infinitas curvas rodeadas de montañas y árboles como los de El Principito, vimos un burro bien cómodo sentado en la mitad del carril contrario al nuestro. Sólo le faltaba la taza de té y los naipes al condenado.

Pasamos a lado del burro y unos segundos después se acerca un carro por la curva directo hacia el animal, nos miramos, hicimos caras, y enseguida escuchamos un golpe, luego algo así como un rebuzno, y finalmente algo parecido a un CRASH.

Presionados por las Marías que no paraban de gritar por la suerte de los conductores, y del burro, giramos en U entre curvas malvadas y con el inminente peligro de ser los próximos estrellados. Mientras llegábamos a la curva de los hechos, nos íbamos preparando para la escena dantesca, llegamos, y nada. Seguía Platero bien sentado, y casi puedo jurar que lo vi reírse de nosotros. Por cierto, ni señal de un choque.

Sacamos como conclusión que el CRASH que escuchamos fue simplemente la batería de Ringo Starr en el Ipod.

De cualquier modo, ahora las Marías creen que son los fantasmas de los burros atropellados los que se aparecen a las 6:30 de la tarde para vengarse cobrando víctimas…

Fantasmas o no, lo único de lo que sí estoy segura es que los verdaderos burros son los dueños de esos animales, y más burros las autoridades que no hacen nada para evitarlo, y más recontra burros los que viajamos a la hora del burro.

jueves, 15 de abril de 2010

La recién graduada

Esta etapa de mi vida es extrañamente inesperada.
No soy una persona organizada, no programo nada, y mi agenda está más llena de dibujitos y tachones que de apuntes necesarios. Voy todos los días al supermercado porque decido lo que vamos a comer, dos horas antes de cocinarlo, y nunca hay hielo en el congelador.
Pero no siempre fui así…..con el exceso de yodo, Toñito, y la falta de litio, me agravé.
El tiempo pasó volando, y el sueño de una Universidad citadina en la playa nunca se cumplió. Así que, con una graduada ansiosa por empezar su carrera universitaria, la familia tenía que abandonar su vida playera y regresar a la gran ciudad.
Los días pasaron entre olas y hamacas, y no se nos veía la mínima intención de buscar un nuevo hogar, ¡peor guardar en cartones!.
Un día llegó de casualidad a nuestras vidas una linda casa en el lugar ideal, y comenzamos a movernos ahora sí en serio. Entonces encontramos colegio para las niñas, matriculamos a la recién graduada en la U, la instalamos momentáneamente donde unos amigos muy queridos nuestros, y seguimos con nuestro relax acostumbrado hasta que nos entreguen la casa, todo mientras nos visualizábamos parados frente a la ventana de un cuarto con una linda vista de un pedazo de manglar en el manso Guayas.
Como la vida tampoco es nada programada, el destino hizo que nos quedáramos sin casa antes de mudarnos, así que nos encontramos parados de nuevo frente al mar, y con una hija graduada viviendo en un hogar provisional.
Han regresado con fuerza mis dolores de la úlcera estomacal, que por cierto, según el que me hizo la endoscopía es sicológica y solo responde a mi engreimiento y ganas de llamar la atención (teniendo toda la aprobación verbal y expresiva de mi papá y Toño).
Por suerte encontramos la suite ideal para la pequeña graduada, es el sueño de todo adolescente y la angustia de toda madre como yo.
He vivido cada día de la vida de esta niñita, y así sin darme cuenta la estoy instalando en un lugar lejos de su hogar. Claro, dirán que estoy loca por este “síndrome de nido vacío” que estoy sintiendo, cuando otros hijos se van mucho más lejos de los 142 km que me separan de mi graduada.
Pero así soy yo, y ayer me entró la angustia cuando me llamó mi graduadita llorando porque comió algo que le hizo daño. No pude dormir, el duende de la migraña que me patea el ojo no se me fue ni con dos migradorixina, y las fotos del corredor me enseñaban a una graduadita que bailaba con las canciones de Plaza Sésamo que yo le cantaba.
Por suerte estoy a 142 Km de su universidad, y hoy la esperaré contenta a la salida, como lo he hecho toda la vida.

miércoles, 7 de abril de 2010

La Caminadora y yo

Uno de los regalos que pedí para mi cumpleaños de hace dos años fue un “Leg Magic”, el aparatito aquel que sale en la tele y promete darte “unos muslos envidiables”.

Supongo que el aparato es excelente, sino lo fuera ya lo hubiese devuelto (también soy fiel protectora de los derechos del consumidor), y digo “supongo” porque el dolor que me causa utilizarlo por más de 10 segundos es tal, que si llegara a completar los únicamente “20 minutos diarios” que te aconsejan, tendría mejores piernas que las de la Kournikova...

El aparato en cuestión sigue esperando ser utilizado para otra cosa que colgar los pantalones de baño, y yo me niego, porque estoy convencida de que si existe un infierno, está poblado de indestructibles “Leg Magic”.

En lo que a maquinas de ejercicios se refiere, lo que yo siempre quise en realidad era una caminadora eléctrica, con contador de calorías, de velocidad, de tiempo, de distancia, de ritmo cardíaco, y con ventiladorcito incluido, y se lo hice saber a todo el que preguntaba de donde saqué el raro colgador de pantalones de baño.

Así que un día ¡ZAS! aproveché que mi padre en uno de sus arranques puso a la venta la caminadora que compró en otro de sus arranques, y me la instalé en la sala, apuntando al mar (nunca me interesó el diseño de interiores).

Ahora si me siento realizada, porque todos los días (desde hace 1 mes) estoy trotando. Veamos, es que el problema no solo eran las mensualidades del gimnasio (que según calculó Toñito salían más baratas que las cuotas de la caminadora), sino que tenía que maquillarme (por lo menos el delineador pues!), ponerme un calentador bonito que sea flojo allí pero apretado allá, de un color que no me avergüence cuando sude, que combine y que no repita todos los días, un top especial para gimnasio, y lo peor: tener que calarme a cada tonta anoréxica que con 38 tiene cuerpo de 16 y aún así se cree GORDA.

Así que con mi gym en casa, me levanto, me pongo cualquier media con mis tennis rotos, la pijama ni me la cambio porque duermo en calentador, me pongo un cintillo a lo Olivia Newton John, y el suéter térmico que un visitador médico le regaló a mi papi con el slogan en la espalda “Gyno Canestén…porque nos pasa a todas”. Conecto un ventilador de pedestal (mi maquinita no vino con ventilador incorporado), me subo a mi 640 Weslo Cadence Treadmill, y corro 1 hora acompañada de mi On the Go 1 con lo mejor de mi música cantando a todo pulmón.

Reconozco que el espectáculo que doy es macabro, pero estoy a mis anchas viendo el mar, las gaviotas, y a uno que otro anticuado que todavía cree en trotar en la playa bajo un sol furioso!!

sábado, 27 de marzo de 2010

Mi cadena de Favores

Me acordé de una película que vi hace años, “Cadena de Favores”, no es que me gustó mucho, pero la idea central es atractiva: Hacer un favor a 3 personas que realmente lo necesiten, y éstas a su vez harán lo mismo con otras tres, y así se tendrá una conexión infinita de favores que el cosmos te regresará…en algún momento. El niño protagonista se muere en la película, así que no sé si ese fue un favor para él o para nosotros los televidentes, porque la verdad la película no es tan buena.

Aquí en nuestro planeta sucede algo parecido en la forma geométrica de propagación, y no me refiero al SIDA, sino a la fabricación de seres humanos en sí.

Veamos, un imbécil se une a otra imbécil porque obviamente los iguales se atraen (al diablo la ley de la física que dice lo contrario), y que va a salir de ellos? otro engendrito en el mejor de los casos, pero para mala suerte las estadísticas dicen que saldrán más de dos. Esto significa que cuando este grupo de niños insensibles, desleales, seso hueco y falta de amor crezcan, buscarán sus iguales, y así sucesivamente el mundo seguirá poblándose de infelices, de una manera astronómica!

Será que alguien más ha tomado conciencia de esto o es que ya me volví loca por el exceso de yodo? El punto es que desde hace 17 años he estado trabajando en la creación de seres diferentes. Soy la Víctor Frankenstein moderna! Ahora sí soné de manicomio.

Lo explicaré un poco: Cuando nació mi hija mayor yo tenía 20 años, para mí ella era mi lienzo, así que esta vez haría bien las cosas, rompería mi molde, y ella no sería una mini-me. Mi segunda hija llegó cuatro años después, y la tercera luego de dos años más. Con todas he hecho lo mismo: contar cuentos en las noches, disfrazarnos, hacer pasadas telefónicas, y conversar y conversar de todo, pero en especial de chicos, amigas malas y profesores.

Mis hijas son las amigas que yo hubiera querido tener en el colegio. Aunque son super diferentes: la una es pintora, la otra es amiguera y la otra llorona, las tres comparten aficiones singulares: Se meten en problemas por defender a los demás, surfean, hacen skate, caminan paradas de manos en la playa, rescatan insectos en problemas, regalan con cariño su ropa y sus juguetes a todo el que toca la puerta, no se van a dormir sin el beso y abrazo de buenas noches, y así desde chiquitas, darían la vida la una por la otra.

La conclusión es que somos de otro planeta! Ellas me piden permiso y entienden mis explicaciones de por qué No. Las amigas y amigos de mis hijas NUNCA les cuentan nada a sus papás, ni a sus papás les importa. Desde los 11 años tienen enamoradito de cogida de mano y besos con lengua, a los 12 ya saben lo que es la menta (y no de La Universal), y a los 16 algunas han necesitado un aborto, y las que no, es porque tienen un amplio conocimiento de todos los métodos anticonceptivos existentes, pero ignoran lo que es dar y recibir amor.

Las niñas son malvadas cada vez a más temprana edad. A los 10 ya se inventan rumores terribles de otras niñas y los propagan peor que el herpes (que también tienen pero que le dicen “fuego”), a los 12 ya le han quitado el enamorado a la BFF, a los 15 amanecen en la casa de alguien que no conocían 8 horas antes, y a los 19 tienen un hijo con el mejor amigo de la mamá!!! Lo más increíble es que a todo el mundo le parece normal, nadie ve nada raro en todo esto…solo yo ¡que jodida soy!

Si el mundo no se acaba en el 2012, mi preocupación será si mis hijas encontrarán algún día a su igual? Un igual a ellas con las que puedan continuar con la “Cadena de Favores” creando a sus propios nuevos seres que hagan un mundo mejor. (perdón, sonó muy fresa??)

lunes, 1 de marzo de 2010

El visitante que causó la polémica

Cada mañana me asomo al balcón y disfruto de una relajante vista. Esta vez, había un bulto oscuro y grande que nadaba hacia la orilla. Es común ver tortugas de todos los tamaños por esta zona, y claro, mantarrayas como la que me perforó la pierna y encapsuló su veneno que hoy, después de un mes, todavía tengo, pero no se trataba de nada de eso, sino de un lobito marino!

Después de nadar muy cerca de la orilla, se escondió entre las rocas y allí se quedó todo el día. Como es de esperarse, creó bastante conmoción entre el populacho acostumbrado a ver a estos animalitos solo en circos o en la tele, y al cabo de un par de horas estaban encima del asustado lobito, tratando de hacerlo salir usando palos, piedras y perros!

Así fue como me convertí en la bruja del balcón, gritando y ahuyentando de forma gráfica y expresiva a todo el que molestaba a nuestro asustado visitante.

El show continuó al día siguiente, y en realidad era penoso ver al asustado animalito en esas condiciones siendo molestado todo el día, así que comencé a llamar a las instituciones que se me ocurrió podrían ayudar. Llamé a Fundación Natura, y descubrí que es mentira que ayudan a los animales, por lo menos no a los de la costa; llamé a la Capitanía de Puerto y me dijeron que no tenían ni personal, ni recursos, pude ver que ganas tampoco; llamé a Defensa Civil de Salinas y me dijeron que solo ayudaban a personas; llamé a la FAE y me dijeron que no tenían movilización, sino con mucho gusto, así que cuando entusiasmada les dije que yo podía irlos a ver, se cortó la llamada y nunca más me contestaron; llamé a los Bomberos y se rieron; llamé al Municipio de Salinas, y parece que no han leído el lindo slogan que tienen en su lugar de trabajo diario, porque también les causó chiste mi pedido de ayuda, así que ya no tuve a quien más llamar y una vez más me decepcioné.

Toñito por su lado, llamó a un conocido que se contactó con la delegada del Medio Ambiente en la Península. Ella se acercó, lo vió, sonrió por nuestra ignorancia ya que según ella, era un adulto descansando, y se fue.

Días después, mientras seguían las agresiones sobre todo de niños del sector, me encontré de casualidad con esta delegada del medio ambiente. Al preguntarle por qué no habían hecho nada todavía por rescatar al animalito y llevarlo a un lugar seguro luego de examinarlo, me contestó que era imposible porque un veterinario cobra demasiado por hacer eso, y sobre todo que el Ministerio no tiene recursos para hacer nada, sumado a que la naturaleza tenía que hacer su trabajo y no podían salvarlo de morir si así tenía que ser. Mi indignación fue grande, ya que si el animalito moría por causas naturales, aunque triste, se entendería, pero no podía quedarme de brazos cruzados viendo como lo mataba la gente por curiosidad y maldad!! Además cómo era posible que un Ministerio nuevo, de una Provincia nueva no tenga recursos para lo que fue creado, al fin y al cabo no es Ministerio de Trabajo, ni de Vivienda, es de Medio Ambiente!! La respuesta de ella fue que me queje al presidente de la República para que les dé más recursos….pensé que lo que a gente como ella le hace falta no se lo da ningún presidente de la República.

Al día siguiente llegaron las cámaras de televisión, y con ellos más curiosos a seguir atormentando al pobre animalito. Lo bueno es que también llegó la ayuda. El jefe de la Defensa Civil de Libertad vino con su equipo a ver en qué podía ayudar. Resultó ser un señor sesentón, bonachón, y muy comprometido, que organizó la tarea de rescate del lobito para llevarlo a un veterinario que revise su condición. Así se hizo, y se determinó que se trataba de un juvenil que seguramente se desorientó y cayó en esta playa. Luego de administrarle vitaminas y antibióticos (estaba muy golpeado y tenía las heridas de los palos y fierros con los que lo molestaron durante casi una semana), se lo regresó al mismo lugar para que él decidiera cuando marcharse.

Aparte de eso conversamos con los niños y padres del sector para concientizarlos sobre esta visita temporal y cómo debían protegerlo en lugar de lastimarlo. Lo entendieron por fin, y dejaron de molestarlo.

Cuando ya todo parecía estar en paz, la nombrada delegada del medio ambiente me envió un email bastante grosero y personal, en el que me reclama el haber armado “semejante lío” que “causó el malestar de tantas instituciones entre sí”, y que “obligué al personal de Defensa Civil a someter al lobito a un stress innecesario”. Mi respuesta fue con copia a la Ministra de Medio Ambiente, que al parecer opina lo mismo que yo con respecto a la incompetencia de algunos funcionarios.

El final feliz lo tuvo el lobito que regresó al mar y nunca más se dejó ver por estas playas tan conflictivas y poco amables, bien por él.

sábado, 9 de enero de 2010

20 años de Graduadas


Entré a las Mercedarias en preparatoria en el año 1978.
Nunca lloré ni me angustié porque para mí todo era divertido, gracias a una confusión que nadie me aclaró sino hasta el tercer trimestre: cada vez que sonaba el timbre de cambio de hora, yo me iba detrás de la profesora al otro paralelo, así que fui la niña con más amigas y deberes más fáciles ese año (hacía los mismos deberes dos veces).
En la mitad del patio había lo que yo recuerdo como un enorme súper árbol gigante que me causaba fascinación, así que lo adopté. Me encantaba subirme en él todos los días, y la monja angustiada trataba de bajarme de mil maneras, entre ellas sacándome los zapatos que era lo único que alcanzaba la pobre!, y una que otra vez me amarró a la silla con una soga, un método anti pedagógico se diría hoy en día, pero la verdad es que reconozco lo indomable que era…
Lo más chistoso es que yo llegaba a la casa a contar la anécdota y les decía a mis papás que una niña malcriada hacía eso. Mi mamá horrorizada me prohibió ser amiga de "esa niña", hasta que descubrió muerta de vergüenza que "esa niña" era yo.
Pasé a primaria y recuerdo a las grandes amigas que tuve y nuestras escapadas al terreno vacío donde nos reuníamos a contar historias de terror. La historia favorita era la de cientos de plantas que se cerraban cuando le pasabas el dedo y decías: “ciérrate, ciérrate que allí viene el diablo” y luego se abrían con las palabras mágicas: “ábrete, ábrete que llega Dios”….nos demoramos muchos años en descubrir que las plantitas en cuestión se abrían y cerraban con cualquier frase o sin ella.
Recuerdo también a mi amigo Samuel, el altísimo y delgado portero del colegio. El y su hermano Miguel eran de lo más simpáticos y educados.
Ahora haciendo un "background" veo que tuve mucha suerte de toparme con ellos y no con algún pedófilo, porque ingenuamente en cada recreo me metía en la casa de los guardianes pidiéndoles que me cuenten historias, y a ellos no les quedaba otra que inventar una nueva cada día para que me vaya pronto. Yo compartía con ellos mis cinco sucres de lunch (dios que vieja soné!) y mis historietas de “Mortadelo y Filemón”, y ellos me dejaban llevarme en mi lonchera los gatitos que encontraban en el terreno vacío, el de los espantos.
Luego llegó la secundaria, y con ella mi rebeldía que me hacía no querer estar en un colegio de monjas y encima solo de chicas. Molesté tanto a mis compañeras y a los profesores, saqué a propósito tantas malas notas, hice maldades que me encargué de que todos se enteren, que fue para mí la victoria el día que me negaron la matricula para cuarto año.
La felicidad no me duró mucho. Pasé por dos colegios mixtos de los que solo recuerdo haber sido una de las mejores alumnas, sobre todo en Filosofía (el Dr. Ceprián estaría orgullosísimo de mí) y en Historia Universal, que buenas bases tuve en las Mercedarias!
En estos nuevos colegios no tuve risas, compañerismo ni diversión, los chicos eran patanes, las chicas insoportables, los profesores mediocres y el inspector se vendía por un Trópico y unos Líder.
Hoy, a mis 37 años, conservo aún como mis grandes amigas a las niñas con las que corría y me reía en mi primaria, las chicas con las que hablábamos de chicos en la secundaria, y las mujeres profesionales, mamás dulces y dedicadas de hoy, que aunque por la distancia no podemos vernos siempre, gracias a la tecnología moderna podemos compartir casi a diario fotos y muchos recuerdos.
Hace poco pasé por un duro momento con mi hija menor que estuvo muy grave en la Clínica, y quienes estuvieron allí con sus palabras de consuelo, oraciones y abrazos, fueron mis amigas Mercedarias queridas, ellas con las que los lazos de la amistad y el cariño trascendieron las aulas del colegio.
Hoy, 20 años más tarde, nos reunimos en la capilla del colegio.
Por primera vez me llegaron las palabras de la Madre Olga (a la que alguna vez le arranqué el velo para ver si era calva), aunque sospecho que siempre habló igual, la que cambió definitivamente fui yo.
Estuve sentada en la misma banca de iglesia donde me sentaba para conversar y reírme mejor, aunque esta vez si escuché al sacerdote y no le pegué el chicle en el pelo a nadie.
Al final brindamos, nos reímos, nos tomamos fotos, compartimos anécdotas y la pasamos muy bien.
Me gané una medalla, aunque sospecho que no fue por lo que me dijeron, pero les dio pena aceptar que era a la más peleona.
Salí de la reunión reconociendo que todas habíamos cambiado de una manera u otra, pero que lo esencial, la fraternidad y buenos valores que sin descanso nos inculcaron, nos convirtieron a todas en unas mujeres increíbles, de las que cualquier pareja, amigo, padres o hijos, de seguro están muy orgullosos.