lunes, 7 de diciembre de 2009

A ricitos con amor


Definitivamente cada quien cree en lo que quiere, los incas en el sol, los griegos en sus guapos dioses, etc., etc., Yo no soy la excepción, así que siempre he querido creer en el alma gemela para cada terrestre y por supuesto en la reencarnación. Según mi teoría, que no es solo mía por cierto, nos rodeamos de seres que nos ayudan en esta evolución espiritual que termina en el Nirvana. Es por eso que a veces conocemos a alguien que de una nos cae bien, porque seguramente en otra vida fue un mejor amigo o un familiar de esos divertidísimos, y otros que de una nos caen súper mal, porque podrían haber sido…la suegra, o un cobrador fastidioso.
Asi es que estoy rodeada de gente, que según yo, me ha acompañado por muchos siglos.
Hace muchos años conocí a una linda niñita con un pelo precioso. Cuando le cogí un mechón y le pregunté con una gran sonrisa su nombre, me miró con una carota y se limitó a arrancar de mi mano su lindo rulo. Hasta allí llegó la linda ricitos de oro.
No me acuerdo en qué momento esa niñita regresó a mi vida, pero debe haber sido en su adolescencia, porque llegaba el 31 de Diciembre, y la tenía en mi casa hasta Marzo. A mí me encantaban sus visitas, especialmente porque me mantenía al día con el argot juvenil que más adelante me sería muy útil con mis tres Marías.
Su paso por la adolescencia no fue nada fácil, y me recordaba a mí misma, así que decidimos adoptarnos mutuamente. Eso trajo algunos celos. Andy no entendía por qué no podía quedarse a escuchar las conversaciones que teníamos Ricitos y yo, y Toñito histérico porque no me acostaba con él temprano a ver la tele, sino que me quedaba conversando hasta altas horas de la madrugada. De nada servía que le explicara que toda esa información adolescente me serviría en un futuro próximo, simplemente no lo aceptaba y seguía con la trompota.
Un día casi se termina la paz y armonía de mi feliz matrimonio.
Ricitos nos pidió que la lleváramos a la casa de una amiga en Puerto Lucía. Cabe recalcar que en ese tiempo el carro familiar era una Chevrolet Luv con el aire dañado, un hueco en el piso por donde a más de entrarnos con furia la tierra, se veía la calle y el aceite que iba quedando, botaba un humo asqueroso que nos confundía con fumigadores contratados por la prevención de la malaria, y latas y fierros oxidados sobresalidos que nos hacían el terror de cualquier vaca que se cruce en el camino, ya que agonizar semanas antes de morir de tétano es peor que morir de una con el impacto de un buen frente de camioneta.
Cuando estábamos a pocas cuadras del club, Toñito le pregunta el nombre de la familia para dejarla adentro. Instantáneamente esa niña se botó del carro, todavía rodando, y llegó corriendo al club sin mirar atrás. Desapareció entre las canchas de tennis y los guardias de la garita. Después de algunos “¿Pero qué se ha creído esta muchachita?”, “Viste?, ni siquiera dijo gracias”, y “Ni más la llevo a ningún lado a la malagradecida esta”, entendió que cuando tienes 15 años eres así.
Pasaron algunos años más, y muchas cosas cambiaron: sus risos se fueron por mucho tiempo gracias al alisado permanente tan de moda, tuvo un precioso bebé del que soy la madrina principal (luego de arrebatárselo en la pila bautismal a la madrina segunda), descubrió que tiene un talento impresionante para la pintura, y creo que encontró a la persona especial con la que algún día va a formar su propia tribu.
Yo la sigo de cerca, convencida de que en otra vida fui su mamá, hermana mayor, o algo parecido, porque en esta vida la quiero tanto como a otra María.

3 comentarios:

  1. jajajajajaja me hiciste el dia! claro esta historia tiene tu toque final!

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  2. jajaja me encanto la foto jeje muy buena la historia, me hubiera gustado conocer la camioneta autobot jajaja

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un café siempre da de qué hablar...