Uno de los regalos que pedí para mi cumpleaños de hace dos años fue un “Leg Magic”, el aparatito aquel que sale en la tele y promete darte “unos muslos envidiables”.
Supongo que el aparato es excelente, sino lo fuera ya lo hubiese devuelto (también soy fiel protectora de los derechos del consumidor), y digo “supongo” porque el dolor que me causa utilizarlo por más de 10 segundos es tal, que si llegara a completar los únicamente “20 minutos diarios” que te aconsejan, tendría mejores piernas que las de la Kournikova...
El aparato en cuestión sigue esperando ser utilizado para otra cosa que colgar los pantalones de baño, y yo me niego, porque estoy convencida de que si existe un infierno, está poblado de indestructibles “Leg Magic”.
En lo que a maquinas de ejercicios se refiere, lo que yo siempre quise en realidad era una caminadora eléctrica, con contador de calorías, de velocidad, de tiempo, de distancia, de ritmo cardíaco, y con ventiladorcito incluido, y se lo hice saber a todo el que preguntaba de donde saqué el raro colgador de pantalones de baño.
Así que un día ¡ZAS! aproveché que mi padre en uno de sus arranques puso a la venta la caminadora que compró en otro de sus arranques, y me la instalé en la sala, apuntando al mar (nunca me interesó el diseño de interiores).
Ahora si me siento realizada, porque todos los días (desde hace 1 mes) estoy trotando. Veamos, es que el problema no solo eran las mensualidades del gimnasio (que según calculó Toñito salían más baratas que las cuotas de la caminadora), sino que tenía que maquillarme (por lo menos el delineador pues!), ponerme un calentador bonito que sea flojo allí pero apretado allá, de un color que no me avergüence cuando sude, que combine y que no repita todos los días, un top especial para gimnasio, y lo peor: tener que calarme a cada tonta anoréxica que con 38 tiene cuerpo de 16 y aún así se cree GORDA.
Así que con mi gym en casa, me levanto, me pongo cualquier media con mis tennis rotos, la pijama ni me la cambio porque duermo en calentador, me pongo un cintillo a lo Olivia Newton John, y el suéter térmico que un visitador médico le regaló a mi papi con el slogan en la espalda “Gyno Canestén…porque nos pasa a todas”. Conecto un ventilador de pedestal (mi maquinita no vino con ventilador incorporado), me subo a mi 640 Weslo Cadence Treadmill, y corro 1 hora acompañada de mi On the Go 1 con lo mejor de mi música cantando a todo pulmón.
Reconozco que el espectáculo que doy es macabro, pero estoy a mis anchas viendo el mar, las gaviotas, y a uno que otro anticuado que todavía cree en trotar en la playa bajo un sol furioso!!



