martes, 12 de octubre de 2010

Hoy hace 1 año

Hace unos 5 meses recibí una llamada a mi celular: “Buenos días, quería confirmar la cita de mi hijo”. Dije “equivocado” y cerré.

Enseguida otra llamada: “Buenas tardes, es el consultorio de la doctora Salvador?”. Me quedé unos segundos callada, porque ese nombre me descompone totalmente. No recuerdo si estaba muy ocupada en algo, lo cierto es que sin darle mucha importancia a la fea coincidencia contesté de nuevo “equivocado”.

Al minuto sonó el teléfono pero esta vez de mi casa: “Buenas tardes, disculpe, quiero hablar con la Dra. Alexandra Salvador, parece que tengo mal el número de celular…” Mi reacción inmediata fue decirle que no me hacía ninguna gracia semejante llamada. La mujer al otro lado parecía no entender, y me explicó que solo quería confirmar la cita de su hijo para la endoscopía. Me pareció una coincidencia muy extraña para ser cierta, pero igualmente le conté todo lo que le había pasado a mi hija con esa misma doctora meses atrás. La mujer me lo agradeció y colgó.

Ayer me sucedió algo muy emotivo. ¿Fue una coincidencia? ¿el destino? Porque no creo que haya sido una broma de mal gusto.

Recibí un mensaje al celular que decía textualmente esto:

“Buenas tardes, acabo de leer su publicación de la mala experiencia que tuvo con su niña, pues yo estoy a la espera de que esta misma doctora me diga si hay o no que hacerle este mismo procedimiento a mi niña de 2 años. Ruego a usted indicarme que gastroenterólogo la está viendo, ya que con lo que acabo de leer se me han salido las lágrimas solo de pensar en el horror vivido...quieren hacerle una endoscopia….pero mi corazón de madre me dice que no, y creo que esta es una señal a mi corazonada….sienta en su corazón que ha logrado que otra madre no viva este terror, y espero que su niña esté bien ahora”

Al preguntarle cómo consiguió mi celular, me envió el link donde vio la publicación, y resulta que es de un periódico.

Había olvidado que en mi desesperación de esas semanas, me desahogué no solo en mi blog sino en muchos lugares más. Bueno, uno de ellos lo publicó, pero añadió mis números de teléfono que usé en el registro de la página y nunca pensé que publicarían.

Automáticamente en algunos sitios de búsqueda se relaciona mi número con el nombre de la susodicha que ya no quiero mencionar, es por eso que he recibido estas llamadas.

Me alegra mucho pensar que de algo sirvió haber contado lo que vivimos. Tal vez se salvó un niño de caer en las manos de esa gente inescrupulosa con la que nos topamos hace exactamente 1 año.

Hoy la pequeña es feliz en la playa y usa bikini sin importarle la cicatriz, ya tiene planeado que a los 18 se la borre un cirujano plástico.

viernes, 8 de octubre de 2010

El nuevo YO

Para mis amigos visitantes constantes, y los que están de paso también, quiero decirles que sigo siendo yo, solo me cambié el nombre.

Esto de La Baronesa nació hace muchos años, cuando tenía unos 8 o 9 más o menos, y escuché una historia que me gustó más que todas las de Disney.

Se trataba de una mujer que llegó a las Islas Galápagos, y vivió rodeada de amantes y mar, para luego desaparecer misteriosamente, y desencadenar una serie de muertes extrañas y nunca resueltas, convirtiéndose en leyenda, película y chismes.

Y esa historia nunca la olvidé, así que cuando trabajé como locutora de radio y tenía que adoptar un seudónimo, obviamente mi nombre fue La Baronesa.

Algunos pocos amigos que conocen esa faceta de mi vida, principalmente porque les hacía propaganda y les ponía las canciones que pedían, me saludan hasta hoy con mi título nobiliario.

Así que volveré a ser La Baronesa, hasta que mi psicoanalista descubra por qué me gusta tanto el personaje.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Feos pero felices

Ahorita estando en mi modo tonto y superficial no me aguanto las ganas de comentar algo que no me entra en la cabeza.
Ya sé que los gustos son los gustos, y que mi Adonis puede que sea horrendo para algunas, o yo misma que me gusto tanto todavía no he ganado ningún concurso de belleza que valga la pena comentar, pero en todo caso, somos una pareja normalita y simpática.
Pero hay que ver cada hombre feísimo que brota de las entrañas saladas de esta tierra…..de las mujeres no hablaré hoy.
El otro día estuve analizándolo: esperando a que Toñito compre el pan en la parroquia Muey (también los nombres son horribles), me fijo en una parejita comiéndose a besos como en “Hijo de la Luna”. Cuando por fin se separaron pude ver que la chica era simpática, bonito pelo, bonitos ojos, en conjunto era muy agradable…pero MIERDA que era asqueroso el tipo con el que estaba!! Entonces se repite el círculo que da la raza peninsular, porque pregunto: ¿qué puede salir de esa unión? Dios me perdone, pero nada bueno.
Lo peor es que seguro que el tipo no es que sea feo pero de super buen corazón, no. Seguro que aparte de feísimo es un desgraciado. Porque aquí lo común es que sean feos, borrachos, machistas y vagos, completitos.
Por todas partes se ven parejas donde el uno es feísimo y el otro no tanto. Los nacidos de esa unión se concentran en su mayoría en Santa Rosa, principal puerto pesquero de la costa ecuatoriana. Allí los apodos son bien ganados y bien llevados con orgullo, algo así como el título personal.
Tenemos a Don: “Cabeza e’ nido”, “Violado”, “Pan”, “Mantequilla”, “Carta Falsa”, “Cobra bono”, “Pierna”, “Pata e’ perro”, “Cacho virado”, “Mata hijo”, “Mal padre”, “Culo e’ yogurt”, “Wachíman”, “Flufy”, y “Pone cacho” entre otros peores….juro que así los conocen, y que estos seres no tienen nombre. Nadie, absolutamente nadie, solo la madre, recuerda cómo lo llamaban de niño.
Es la raza definitivamente. Si el Tiziano Ferro hubiese dado un concierto en el parque de Santa Rosa y no en la plaza de México, definitivamente no pensaría que los mexicanos son los más feos del planeta, la distinción se quedaba por acá.
En todo caso será que estos peninsulares tienen algún talento oculto detrás de tanta fealdad? Bueno, no voy a ser yo quien lo descubra, yo paso.

lunes, 23 de agosto de 2010

Del cine y sus lecciones

Después de una sesión de fotos llenas de olas y mucho frío, nos fuimos toda la tribu a ver Karate kid. Estuvo bastante bien porque la verdad no me acordaba de la primera versión (hace tanto fue?) pero igual saltó la duda de aquel entonces: Por qué se llama Karate kid si lo que practican es Kung Fu… ¿será para que no suene Kung Fu Panda Kid? No sé. En todo caso nos divertimos tirando hielos, hablando como chinos y cosas similares que solemos hacer en el cine.

Al final, cuando salieron las letras, nos quedamos viendo las fotos de la película detrás de las cámaras. Se veía a un Will Smith bastante chocho, y a mí la lágrima se me caía. Me imaginaba a mis Marías haciendo lo suyo y yo allí orgullosota.

Todo mi película mental se interrumpió con un: “Mami no vayas a buscar en Twitter a Will Smith y escribirle felicitándolo por el hijo, qué vergüenza!”; y un peor: “Mami, dejaron solita a esta niñita…” Miré intrigada, y me di cuenta que solo estábamos nosotros y ella en la sala vacía del cine. Era una niñita de unos 7 años que seguía comiendo su canguil divertida. Le preguntamos su nombre y dónde estaba su mamá, pero solo repetía mirando a la pantalla algo que sonaba como “se acabó”.

Decidimos esperar unos minutos acompañándola porque seguro llegarían pronto por ella, pero nada. Pasaron más de 20 minutos, y decidí que era tiempo suficiente para que la mamá o el adulto que esté con ella saliera del baño! Pero nada, seguíamos allí frente a la pantalla gris.

De pronto la niñita se levantó y nos dijo “chao”, y todos saltamos como resortes atrás de ella. No podíamos dejar sola a esta pequeñita.

Sutilmente la tomé de la mano y le dije que me quedaría con ella hasta que llegue su mamá, aunque para mi sorpresa, me soltó la mano, me dijo “chao” y siguió caminando hacia la salida del cine.

Miré para todos lados buscando a alguien desesperado con cara de padre irresponsable al que se le perdió la hija, pero nada.

Así fue como los cinco comenzamos a seguir a la niñita por el centro comercial a ver hacia dónde iba, hasta que entró en un local y salió una señora a recibirla con una sonrisa y un gracias….¿gracias? ¿Cuándo me pidió que le cuidara a la hija? Ya iba a descargar mi ráfaga sobre ella cuando la chiquita me abrazó fuerte y así se quedó un buen rato… luego fue a hacer lo mismo acompañado de besos para cada uno de la tribu. La mujer nerviosa (por mi cara supongo) nos explicó que la nena era su sobrina de Quito que estaba de visita, que se le complica cerrar el local para llevarla al cine, que todos los del cine ya la conocen, que ella se conoce el centro comercial de principio a fin, y que siempre hace lo mismo. Y a mí no me entra en la cabeza cómo dejan sola a una niñita tan pequeña en un cine.

Aprendí algo de ella ese día, fue mucho más autosuficiente que muchos niños, incluso mayores, y me avergüenza haber dado por hecho que, por su condición (síndrome Down), no sabría a dónde ir.

Esta vez ella tuvo un final feliz, como la película.

lunes, 16 de agosto de 2010

38 que no juega

Ahora sí.

Y llegaron mis 38. No contaré acerca de las tarjetas, besos, cenas y regalos que recibí, porque quiero centrarme en algo raro que me pasó.

Si este post cayera en manos de los implicados, es una razón extra para no dar mi brazo a torcer, ya que de seguro no me insistirían jamás en volver.

Lo explico:

Recibí una llamada extraña. La persona al otro lado del celular me invitaba a formar parte de una naciente industria, decía que tenía buenas referencias de mi trabajo en el área de las ventas, así que definitivamente era yo la persona que necesitaban en su compañía.

Incrédula por experiencia no le hice mucho caso, hasta que la tuve abajo de mi casa explicándome sin parar durante casi dos horas la millonaria inversión que había hecho, y cómo necesitaba darle marcha con mi ayuda.

Allí empezó mi aumento de peso por el stress y los dolores en la vesícula de puro coraje.

En dos meses aprendí lo que ningún escrito acerca de las consecuencias nefastas del consumo de drogas nos puede enseñar.

Los principales de esta compañía (que no tiene nada que ver con las drogas por cierto) son ex adictos rehabilitados. No es que formaron una fundación ni nada por el estilo, sino que uno de ellos con bastante éxito en los negocios y capital, creó una empresa e invitó a sus ex compañeros de infortunio a trabajar con él.

Y así es como me vi rodeada de personas tan raras, tan cambiantes, tan con las neuronas pulverizadas, que todos los días parecían salidas de una dimensión diferente.

Mi coco wash “esto no me afecta” y “ya mismo es quincena, boba” parecía tener efecto limitado, ya que si me afectó, y no hay quincena que pague lo que cuesta mi salud mental.

Esta persona a la que le pondré de nombre Walkman Shake, cambiaba de idea agitando la cabeza, lo juro! Era algo increíble. Podía hablar de 20 temas diferentes en 1 minuto y olvidarse de todo en 10 segundos más.

Para aumentar los desvaríos, Walkman Shake y todo su clan eran fanáticos de una religión popular, pero como ya lo he visto tantas veces, adaptada a sus conveniencias y antojos. Así es que pude ver como estaban permitidos los insultos, las calumnias, el hablar a espaldas del prójimo, no pagar las deudas contraídas, y despechos amorosos a lo “atracción fatal”, pero eso sí, todos los días empezaban y terminaban con bendiciones, canticos y rápidos encuentros con clientes a la salida del Templo.

Yo me declaré agnóstica, así que siempre pasé de todos esos ritos truchos.

Lo que no puede evitar durante dos largos y tortuosos meses fue el sonido de mi celular a las 5:00 de la madrugada o a las 11 de la noche, horas preferidas para el “proceso creativo” de Walkman Shake, imposible de no compartir conmigo.

La compañía está creciendo, tiene un producto excelente, una infraestructura envidiable, apoyo publicitario digno de una multinacional…pero a donde llegará todo esto con personal salido del sombrerero loco y el país de las maravillas?

Me rehúso a ser Alicia, así que aunque el sueldo era muy bueno y las promesas mejores, elijo regresar a mi hamaca y a mi blog alejada de las malas compañías.

jueves, 10 de junio de 2010

Mi viaje por El túnel del Tiempo

Mis hijas se quedaron fascinadas, pensaron que era un aparato de última generación lo que tenía muy cerca de mi ojo enfocando hacia la luz.

En realidad se trataba de un mini proyector de slides de hace 35 años que mis papás sacaron del baúl de los recuerdos junto con más de mil diapositivas en miniatura, y que solo los nacidos en la década de los setenta o antes sabrán de lo que hablo.

Fue así como viajé en cuestión de segundos a la casa de mis abuelos donde pasé tantas Navidades felices con mis primos, a la casita de playa con el patio lleno de conchitas y caracoles (que hoy son casi imposibles de encontrar en las playas ecuatorianas), a mi disfraz de Caperucita Roja, al bote inflable motivo de peleas, y a mi pasión por subirme a los árboles.

Descubrí que mi mami tenía un look hippie increíble, que mi sobrina se parece mucho a mí, que mi abuela paterna nunca sonreía, que mi tío se parecía a un integrante de Sui Generis y que mi ñaño siempre estaba abrazándome.

Recordé la Chooper que me regalaron en lugar de la BMX que pedí, el Subaru rojo, los Majis, la Ferreti, el Roller Vito donde me rompí la boca por ganarme la cola Tropical con hielo frappe, el parque de Urdesa, mis tortas de cumpleaños con chicles que me hacía la Tía Delia, y el olor de la pipa que fumaba mi papi.

También me hice algunas preguntas: ¿qué pasó por la cabeza de mi mami cuando creyéndose peluquera me dejó el pelo como Tiko Tiko?, ¿con qué autorización regalaron mi camiseta de Heidi?, ¿por qué la sala del papapa tenía una papel tapiz tan feo?, ¿Estaban de moda los zapatos de bolos? ¿Por qué mi mami usaba pelucas hermosas con cintillos tan fashion y a mí me vestían como campesina? ¿Cuánto pesaba mi mami, 105 libras??

Preguntas que luego de más de 30 años no tienen respuesta porque el alemán anda rondando cerca de algunos, pero lo que nadie puede negar, dada la evidencia, es que los locos Adams fuimos muy felices.